Pacto por el euro: Principales repercusiones

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Pacto por el euro: Principales repercusiones

El pasado 11 de marzo los líderes europeos acordaron firmar un Pacto por el Euro con el objetivo de consolidar definitivamente la UME. En líneas generales, las medidas convenidas pretenden evitar el rescate traumático de nuevos países, fortalecer el euro como moneda de referencia mundial, armonizar en mayor medida las distintas políticas económicas y aumentar a medio plazo el crecimiento del PIB del área.

La mayoría de los gobiernos no lo consideran un Pacto deseado, sino obligado. El motivo: una gran parte de las medidas previstas son impopulares. Es una exigencia de Alemania para impedir la existencia en la UME de países despilfarradores. Para asegurar la continuidad de la moneda única, Ángela Merkel está dispuesta a financiar temporalmente a las naciones con mayores dificultades para captar capital en los mercados internacionales, pero no de forma continuada o en cada etapa de crisis.

En relación a España, el Pacto previsiblemente comportará tres principales aspectos: un menor riesgo de rescate, un nuevo ajuste económico y algunas reformas estructurales adicionales.

La mayor disponibilidad real del Fondo de Rescate Europeo (de 250.000 a 440.000 millones de euros), junto con la posibilidad de que éste compre de forma directa deuda pública de cualquier nación de la eurozona, probablemente comportará una considerable reducción del riesgo país de los Estados económicamente amenazados por los inversores financieros. Si así sucede, disminuirá el diferencial de los tipos de interés de la deuda pública española con respecto a la alemana y aumentará la capacidad para obtener financiación extranjera de nuestras empresas y entidades financieras.

La obligación de un mayor ritmo de reducción del déficit público posiblemente conducirá a nuevo ajuste económico. Disminuirán determinados gastos sociales, se paralizarán o ralentizarán las obras de construcción de diversas infraestructuras y no es para nada descartable alguna nueva subida de impuestos. Previsiblemente, también se reducirá el margen de las autonomías para incurrir en desequilibrios presupuestarios.

Las nuevas reformas estructurales probablemente implicarán una más rápida reconversión del sector bancario, un aumento de la competencia entre empresas en la prestación de determinados servicios y una reforma del proceso de negociación laboral. Si no son cosméticas, ayudarán a aumentar la competitividad de las empresas españolas, a impulsar las exportaciones y acelerarán el crecimiento económico.

En definitiva, el Pacto por el Euro es una magnífica noticia, como también lo fue la Agenda de Lisboa del año 2000. No obstante, ésta se quedó en una simple declaración de intenciones. Para que no suceda lo mismo, los países incumplidores deben ser penalizados. Si no lo son, el euro seguirá en riesgo de desaparición.

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