Los Estados Desunidos de Europa

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Entrevista en fotocasa.es, 6 de octubre de 2011.
6 octubre, 2011

Los Estados Desunidos de Europa

Un antiguo sueño de los políticos europeístas está en peligro: los Estados Unidos de Europa (EUE). No constituía un logro a obtener en un plazo determinado, sino el objetivo final de una integración que empezó en 1951 con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. El propósito era retornar al viejo continente la supremacía mundial a nivel político y económico. Para ello, es necesario que los EUE sean un extenso club que integre a las naciones del Sur y del Este, sin descartar a Rusia.

En la actualidad, la UME es el embrión de los Estados Desunidos de Europa, lo contrario de lo que estaba destinada a ser. Las principales razones son: una escasa supervisión de las políticas económicas nacionales, un inadecuado diseño del BCE, el rechazo implícito de los alemanes a los EUE y la falta de liderazgo de Merkel.

El primer motivo explicaría por qué fueran aceptadas por la Comisión Europea las falsas cifras presentadas por Grecia, aplaudidos modelos económicos insostenibles a medio plazo, consentido el excesivo endeudamiento exterior de algunos países y escasamente impulsadas necesarias reformas estructurales.

El segundo ha contribuido a generar un banco central que ha constituido una auténtica rémora para la estabilidad económica. Ha infravalorado la repercusión de sus decisiones sobre cualquier variable que no fuera la tasa de inflación, no ha liderado la reforma del sistema financiero europeo, no ha actuado de manera preventiva para impedir o dificultar la aparición de crisis de la deuda en diversos países y se ha equivocado al subir el tipo de interés de referencia en períodos de gran debilidad (julio de 2008 y 2011).

Sin una moneda común, es imposible que haya unos verdaderos EUE. La salvación actual del euro, así como la incorporación a la UME de nuevos países, hace imprescindible la realización de elevadas transferencias de capitales desde los países económicamente más fuertes a los más débiles. Éstas son rechazadas por los alemanes. Ven sus probables negativos efectos a corto plazo (aumento de impuestos y/o reducción de prestaciones sociales), pero no sus positivas repercusiones futuras (crecimiento del empleo y de los salarios).

Merkel no es una estadista, sino una populista que gobierna al dictado de las encuestas. Su radical cambio en materia de energía nuclear constituye un ejemplo. Debido a ello, no es capaz de imponer las tesis europeístas en Alemania, aunque le reporten al país considerables beneficios futuros. Una sustancial diferencia con Kohl, quién se negó a realizar un referéndum sobre el cambio del marco al euro.

Probablemente, la falta de liderazgo sea el principal problema reseñado. Es un mal internacional y una de las causas por las que la economía mundial no acaba de salir de la crisis. ¿La solución? A corto plazo, no existe.

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