La reforma del Estado de las Autonomías: el final del café para todos

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La reforma del Estado de las Autonomías: el final del café para todos

Entre las reformas estructurales pendientes, hay una especialmente difícil. Aunque tiene carácter económico, sus repercusiones son principalmente políticas: es la del Estado de las autonomías. El café para todos servido en la etapa de la transición evitó a corto plazo algunos problemas, pero generó a medio término otros mayores. En la actualidad, es especialmente notorio el despilfarro generado por diversas empresas públicas de dudosa utilidad, la construcción de múltiples infraestructuras innecesarias y un excesivo número de cargos políticos.

La crisis económica hace insostenible su diseño actual. Por una parte, debido a la dificultad de determinados gobiernos regionales de racionalizar su gasto. En el ejercicio de 2011, el déficit público generado por el conjunto de las autonomías no bajó ni un sola décima (se mantuvo en el 2,94% del PIB). Por otra, por la injusta y desequilibrada estructura del sistema de financiación autonómica. Aunque ha cambiado varias veces, las mejoras introducidas siempre han sido insuficientes.

Nunca tuvo sentido económico que algunas comunidades ricas (Catalunya, Baleares y Madrid) financiaran a las más pobres, pero otras no lo hicieran (País Vasco y Navarra). La solidaridad entre regiones existe en toda Europa, pero en casi ningún otro país alcanza los niveles observados en España. En el caso de Catalunya, según el método de análisis utilizado, se situó en el año 2009 entre el 5,8% y el 8,4% del PIB Ambas cifras notablemente superiores al déficit público catalán de 2011 (3,72%).

El nuevo diseño autonómico debería consistir en dividir las comunidades en dos clubs: las históricas más las insulares y el resto. Las segundas perderían una parte sustancial de las competencias actuales, las primeras ganarían algunas, especialmente aquéllas donde la sociedad demanda una mayor capacidad de autogobierno. En términos económicos, supondría conceder a Catalunya el pacto fiscal y remodelar los conciertos vasco y navarro para equipararlos con el catalán.

Indudablemente, la complejidad de la operación es inmensa. No obstante, ningún partido jamás ha tenido tantas posibilidades para generar una reforma del Estado de las autonomías como el PP. El gobierno en la mayoría de las comunidades le otorga una amplio margen de maniobra para hacer cambios y la situación económica hace inexcusable realizarlos. No será fácil ni rápido conseguirla, ya que se necesita tiempo, gran consenso político y visión estratégica. Indiscutiblemente, su logro significaría un nuevo concepto de Estado: más moderno, económicamente sostenible y perdurable políticamente a largo plazo.

 

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