La lenta reconversión del sector bancario

Innovación: Una estrategia equivocada
1 diciembre, 2010
Divendres – Analitzem els resultats electorals
28 enero, 2011

La lenta reconversión del sector bancario

En la actualidad, el sector bancario está sobredimensionado. Sobran bastantes cajas, algunos bancos, pero especialmente numerosas sucursales. Su excesiva dimensión es principalmente consecuencia de la explosión en 2007 de la burbuja inmobiliaria, de una profunda crisis económica y de un previsiblemente posterior largo período de estancamiento, así como de unas perspectivas escasamente favorables para el mercado residencial en los próximos años.

En la gestión de la actual crisis bancaria, el Banco de España ha estado francamente desafortunado. En la mayoría de las ocasiones, sus actuaciones han seguido directrices políticas en lugar de criterios técnicos. Así, una vez transcurridos más de tres años desde su inicio, nuestro banco central aún no ha reconocido completamente la verdadera magnitud de los problemas del sector bancario, contribuyendo además en gran medida a su disimulo y ocultación.

En los últimos ejercicios, tengo la impresión que ha permitido que las entidades declarasen una mora inferior a la real, contabilizaran en sus balances numerosos activos inmobiliarios por su valor hipotecario en lugar de según su precio actual, dotaran insuficientes provisiones para hacer frente a las pérdidas generadas por numerosos créditos incobrables (ya sea en la actualidad o en un próximo futuro), continuaran concediendo préstamos por un valor equivalente o incluso superior al precio de la vivienda (aunque sólo si el prestatario adquiría una perteneciente a la cartera inmobiliaria de la entidad) y procedieran a refinanciar deudas de empresas promotoras cuya devolución, así como el pago de los correspondientes intereses, es casi imposible que puedan efectuar a corto o medio plazo.

De forma tardía, dos años después de su inicio en países tales como Estados Unidos, Reino Unido u Holanda, el Banco de España ha impulsado una lenta, equivocada e insuficiente reconversión del sector bancario. Hasta el momento, la ha limitado a las cajas de ahorro. Ha promovido dos tipos de fusiones: las “calientes” (completas) y las “frías” (parciales). En principio, ambas tienen tres objetivos comunes: generar sinergias, crear una entidad con mayor dimensión y captar dinero del FROB.

Las primeras han sido relativamente escasas y mal ejecutadas. Se han visto lastradas por las reticencias políticas de algunos dirigentes autonómicos y por una escasa visión empresarial de sus directivos. En la mayoría de las efectuadas, dos o más entidades pequeñas se han unido para generar una caja menos pequeña. Prácticamente ninguna de las fusiones “calientes” realizadas tiene futuro, si la entidad resultante no aumenta en los próximos años de forma significativa su tamaño.

Las segundas suponen “un salto al vacío”, ya que constituyen un experimento de cómo transformar paulatinamente la suma de varias cajas en un banco. En un principio, las entidades que se fusionan crean una sociedad central (un banco) en el que proceden a aglutinar los servicios de tesorería, riesgos y tecnología. Ya no se relacionan con los mercados mayoristas internacionales de forma individual, sino a través del banco. No obstante, cada caja sigue manteniendo su personalidad e identidad jurídica y controlando su obra social. En mi opinión, las fusiones “frías” serán un fracaso, dado su inicial carácter parcial, la lenta integración prevista de las diferentes cajas y las escasas posibilidades de obtener suficiente financiación extranjera. Este último aspecto principalmente se debe a la escasa comprensión, por parte de los mercados financieros internacionales, del proceso emprendido y de las características que poseerá la entidad finalmente generada.

En resumen, el Banco de España ha permitido, e incluso incentivado, una gestión bancaria de “patada hacia adelante”. En líneas generales, sus actuaciones no han pretendido resolver los problemas actuales de cajas y bancos, sino desplazarlos a un futuro más o menos próximo, esperando que en él se solucionen prácticamente por sí mismos. Además, no ha presionado a casi ninguna entidad financiera para que ésta efectuara importantes cambios en su cúpula dirigente, culpable en gran medida de los problemas económicos que en la actualidad tienen la mayoría de cajas y algunos bancos.
Sin duda, su sustitución hubiera permitido aflorar la casi totalidad de las pérdidas incurridas y contribuido a solucionar de una forma más rápida la actual crisis bancaria.
Creo que en lugar de estimular una “huida hacia adelante”, nuestro banco central debería haber obligado a las entidades a reflejar en su contabilidad su verdadera situación patrimonial. De esta manera, el mercado podría haber diferenciado de forma nítida aquéllas que tienen importantes problemas de solvencia de las que no los poseen. A las primeras debería de haber procedido de forma rápida a recapitalizarlas con fondos públicos a través de su nacionalización parcial o total, aunque siempre con carácter temporal. En ningún caso, tendría que haber permitido que una sombra de sospecha afectara a la totalidad de cajas y bancos españoles, tal y como en la actualidad sucede.

En términos macroeconómicos, es indudable que la lenta, equivocada e insuficiente transformación de las entidades financieras está afectando de forma muy negativa a la economía española. Un exceso de préstamos en relación a los depósitos, unido a la desconfianza de los mercados financieros internacionales hacia nuestras cajas y bancos, impide que éstos dispongan de los recursos necesarios para financiar de forma adecuada el gasto de familias y empresas. Indudablemente, este aspecto frena el crecimiento del consumo y la inversión privada. En cualquier economía capitalista, el sistema financiero tiene un papel similar al del corazón en el cuerpo humano. Debido a ello, si por diversos motivos, no funciona adecuadamente, es imposible que económicamente el país lo haga. Entonces, ¿por qué se dilata tanto una verdadera y completa reconversión bancaria? No lo sé, pero intuyo que la economía tiene poco ver y la política bastante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *