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El declive

Hace unos días, la noticia temida llegó. Por primera vez en la historia, el peso económico de Madrid (18,71%) en el conjunto del Estado superaba al de Catalunya (18,66%). Si les preguntáramos los motivos a los políticos catalanes, la mayoría de ellos diría que son una deficiente financiación autonómica, un incremento del centralismo empresarial y una actividad económica comparativamente más dependiente de la industria que de los servicios.

Aunque estas razones me parecen acertadas, no creo que sean ni las únicas ni las más importantes. El declive no es sólo respecto a Madrid, sino en relación al conjunto de España. Así, según un estudio de Funcas, en la última década el poder de compra de los catalanes ha pasado del 118% al 108% de la media nacional. Además, en 2008 y 2009, Catalunya fue la segunda autonomía por la cola en términos de crecimiento económico.

¿Por qué? Desde la llegada de la democracia, el tema económico ha sido secundario en Catalunya. En la larga etapa de CIU, la prioridad era la construcción de un espíritu nacional y el impulso al catalán. En el paréntesis de Maragall, sólo importaba el nuevo estatuto y en la fase Montilla, aunque las intenciones han sido buenas, el resultado no ha acompañado. Dime con quién vas y te diré como acabarás.

No obstante, considero que nuestros políticos, aunque no son inocentes, tampoco son los únicos culpables. Si tuviera que escoger uno, sin duda, elegiría a la sociedad catalana. Es decir, a sus ciudadanos. Nadie más que nosotros considera mal visto ganar mucho dinero (para muchos, un empresario es un especulador), sus habitantes son los que presionan a los alcaldes para que expulsen la industria o impidan su llegada, la cultura preponderante es la de la satisfacción en lugar de la del trabajo y existe un elevado número de jóvenes, debido a sus padres y al sistema educativo, que desconoce el significado de la palabra sacrificio.

Necesitamos políticos que acierten en sus políticas económicas y que dejen de decir que la culpa de sus fracasos la tiene Madrid. Pero también un líder, que no un mesías, impulsor de un profundo cambio de valores. Es fácil, basta con modernizar los de nuestros bisabuelos. Ellos hicieron grande a Catalunya.

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