La salida de la crisis: la ruta del éxito

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La salida de la crisis: la ruta del éxito

En el 2012, según el FMI, el PIB de la Unión Monetaria Europa decrecerá un 0,5%. La salida de la crisis no estará más cerca, sino más lejos. La culpa del retroceso no la tendrá la política económica realizada en el ejercicio actual, sino en el reciente pasado. Su repercusión sobre el crecimiento económico no es inmediata, sino que tarda aproximadamente un año en visualizarse plenamente.

No obstante, la salida de la crisis no es nada difícil, sino extremadamente fácil. Inicialmente, hemos de detectar cuál es la enfermedad, posteriormente, hemos de suministrar las medicinas adecuadas. No hemos de inventar una nueva, sino sólo utilizar aquéllas que existen desde hace años en la farmacia (ciencia económica)

El diagnóstico es claro: la actual recesión es principalmente consecuencia de una gran crisis bancaria. No se observaba una de similar calado en los países occidentales desde la década de los 30. Dicha crisis ha reducido drásticamente el crédito y ha afectado de forma notable al gasto de familias y empresas, excesivamente endeudadas en numerosos países de la eurozona. En definitiva, la demanda de bienes ha caído sustancialmente.

Para que vuelva a crecer, en primer lugar, necesitamos sanear por completo los balances de las entidades financieras. Algunos países ya lo hicieron en 2008 y 2009, pero la mayoría sólo parcialmente. En la actualidad, no se han reconocido la totalidad de las pérdidas generadas por la caída del precio de la vivienda, el aumento de la morosidad de familias y empresas o las ruinosas inversiones en deuda pública y privada.

En segundo lugar, aumentar el gasto público, ya que el gran endeudamiento del sector privado impide a éste ejercer de locomotora de la economía. Dicho incremento sería financiado mediante la emisión de nueva deuda pública. Sin embargo, su tipo de interés no debería subir, sino bajar. Es relativamente fácil conseguirlo, basta con hacer que la demanda de deuda supere a la oferta. La clave del éxito la tiene el BCE: consiste en poner a trabajar a tope a la máquina de hacer dinero e inundar de liquidez a la economía.

Indiscutiblemente, el ratio déficit público/PIB aumentará. No obstante, si no hay dificultades para financiar la deuda, no observo ningún inconveniente significativo para que supere sus niveles habituales. Me parece una auténtica barbaridad que a los países se les exija el mismo límite de déficit, independientemente de si la economía va bien, regular o mal. La inflación no debería ser una preocupación, ya que la escasa velocidad de circulación del dinero impedirá que el incremento de la masa monetaria se traslade peligrosamente a los precios de los bienes y servicios. Adicionalmente, el BCE debería intervenir de forma decidida y continuada en el mercado de divisas. Su objetivo: una considerable depreciación del euro. Si la consiguiera, las empresas de la Unión Monetaria Europea ganarían rápidamente competitividad y aumentarían en una considerable medida sus exportaciones.

En resumen, la solución es la penicilina: una combinación de política fiscal y monetaria expansiva, unida a una agresiva gestión del tipo de cambio.  A los políticos que no la conocen, les recomiendo que la busquen en cualquier farmacia. Es decir, en el primer manual de Economía que encuentren, aunque tenga más de cincuenta años.

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